CARACTERÍSTICAS GENERALES
El crecimiento urbano de mayor importancia
y la arquitectura de relevancia de la ciudad, comienza en el último tercio del
siglo XVI y se completa en el primero del siglo XVII.
En 1639 y al
cumplir la ciudad los cien años, el religioso carmelita Antonio Vásquez de
Espinoza la visita y la describe luego en su libro “Compendio y Descripción de
las Indias Occidentales”.
En cuanto a su
forma la define como de damero. Cada cuadra es de 560 varas. Las calles son
derechas. Son cinco de la parte más alta a la más baja y ocho atravesados o transversales. Tienen
una apertura de once varas. La plaza principal está al centro mide 648 varas en
cuadro. Hay cuatro plazas menores o plazuelas delante de los conventos de Santo
Domingo, San Francisco, San Agustín y nuestra Señora de la Merced. Su población
alcanza a esa fecha a 15.000 almas.
Plano de la ciudad de La Plata, 1750
EDIFICIOS
PUBLICOS.- Los requerimientos
hechos por los obispos de Charcas desde el siglo XVI a la corona española
cristalizaron en la fundación, primero del Colegio de San Juan Bautista, en
1621, y tres años después, de la Real y Pontificia Universidad de San Francisco
Xavier, trabajos que fueron encargados por el Conde de Esquilache, Virrey del
Perú, al Padre Juan Frías Herrán, provincial de los jesuitas.
El
edificio de la Universidad se conoce hoy como Casa de la Libertad. La obra duró
bastante y para 1697 ya se habían invertido en ella cerca de diez mil pesos.
Sólo fue concluida en el año de 1701. La edificación conserva su fisonomía
original. Consta de dos claustros, aparte del gran patio de San Miguel. En
torno a estos espacios abiertos se encuentran las aulas, la capilla de grados,
la capilla general y el aula magna. El patio de San Miguel tiene dos cuerpos de
arquerías, que descansan sobre columnas dóricas el cuerpo bajo y jónicas el
alto. Una amplia fuente octogonal realza el conjunto. Los patios menores de la
Universidad repiten el tema de los arcos apoyados directamente sobre columnas
dóricas. El patio de ingreso, de trazo alargado, tiene en su eje longitudinal
el aula magna, donde el 6 de agosto de 1825 la Asamblea Constituyente proclamó
la independencia de Bolivia. Esta sala se halla cubierta con artesonado y sobre
la puerta de ingreso vuela una soberbia tribuna de madera tallada y dorada. La
portada de ingreso a esta sala es de comienzos del siglo XIX. La sala de
grados, sobre el patio de San Miguel, está cubierta con un artesonado plano y
policromo. La fachada que da a la plaza tenía dos extensas galerías de madera a
los costados y una portada de tipo “mestizo”, alteradas por las restauraciones
que ha sufrido el edificio.
El
cabildo de Chuquisaca, hoy desaparecido, era similar a otros que se conservan
en Argentina, como los de Salta y Buenos Aires. Tenía dos cuerpos con galerías
de arcadas. Las columnas que sostenían los arcos eran sencillas y el techo se
hallaba cubierto de teja. Por su estilo parece ser de la segunda mitad del
siglo XVI. En la primitiva construcción de 1617 trabajaron Juan de Jáuregui y
Domingo Gómez.
La
Audiencia de Charcas, creada por Felipe II en 1559, fue la máxima autoridad
territorial y jurídica del Alto Perú durante tres siglos, hasta 1825. La tradición
señala como sede de la Audiencia una casa situada en la calle de la Catedral
que conserva apenas un patio de un solo piso con arquerías sobre columnas
dóricas. Fue construida por Diego Soyago en 1652, existiendo datos
contradictorios al respecto.
Una de las más importantes instituciones que
llegaron a América durante el período virreinal, junto con las universidades,
fueron los hospitales. Los había españoles, para indios, para mujeres, etc. En
un principio respondían a los modelos españoles de la planta de cruz o tao, con
el fin de separar las salas. Este esquema de tipo renacentista se origina en la
Italia del siglo XV ; Filarete lo propone para Milán 1460 y pasa a España
a comienzos del siglo XVI. Allí adquieren fama los tres hospitales diseñados
por Egas de Guzmán : los Hospitales Reales de Santiago de Compostela y
Granada, y el Hospital de Santa Cruz de Toledo, todos construidos entre 1500 y
1520. En 1546 se construyó el de Sevilla. La tipología pasó de allí al Nuevo
Mundo. Harthterré estudia los hospitales limeños, que llegaron a ser diez,
instalados en edificios separados para españoles, mujeres, indios y negros,
además de otros especiales como el destinado a marineros o clérigos.
El
antiguo Hospital de la ciudad de La Plata tenía planta de tao. Váquez de
Espinoza lo describe indicando que el brazo izquierdo albergaba camas
destinadas a indios, en el derecho había catorce camas para españoles y en el
del centro se disponían los lechos de negros y mestizos. Al final de esta sala
estaban los retretes ocupados por los enfermos contagiosos. El hospital se
complementaba con el claustro y una iglesia, que aún existen, con una portada
serliana de orden dórico sobre muros dovelados. El hospital disponía de una red
hidráulica con caños de cerámica vidriada, los cuales se contrataron con
Lorenzo de Encinas en 1630.
El
de Santa Bárbara era el Hospital Real destinado a indios y españoles. Fue
fundado en 1544 por Bartolomé Hernández, quién poseía una mina en Potosí y
casas sobre la plaza en La Plata. Tenía médico, cirujano, enfermeros y dos
capellanes, uno para indios y otro para los españoles. Fuera del edificio
hospitalario, propiamente dicho, había una habitación para curar sacerdotes,
con su corredor, pila y jardín de recreación, todo adornado con pinturas.
Los
ingresos de los hospitales dependían de los corrales de comedias, de los que
casi no quedan ejemplos en el virreynato del Perú, salvo el de la casa Picoaga
en Cuzco. En un principio las funciones de teatro se realizaban en estos
corrales, instalados en patios de casas que se adaptaban para el efecto. Por
ello sorprende que en fecha tan temprana como 1639 Ramírez del Aguila mencione
la existencia de un coliseo en los siguientes términos :
Tienen
en esta ciudad un suntuoso Coliseo, fábrica del veinticuatro Lorenzo Rodríguez
Navarro, y mayorazgo de sus descendientes, de costo de cincuenta mil pesos,
hecho casi en figura aovada, con dos danzas de balcones altos y bajos, todo
alrededor, y teatro con todo género de artificio para apariencias, con
ventanaje, torres y balcones y fuentes para formar jardines con agua.
LOS
TAMBOS.- Por tambos debemos
entender las posadas, que en América
tienen algunas características especiales como los patios para la venta de
productos. Es una institución incaica, adaptada al nuevo sistema, y atendida
por indios yanaconas. En general, hay que considerar dos tipos de tambos :
aquellos situados sobre los caminos, que eran tan sólo posadas, y los de la
ciudad, que eran albergues para los indígenas que venían del campo a vender sus
productos y necesitaban no sólo un alojamiento, sino también contar con
facilidades para sus tratos. De ahí que en los tambos hubiera una gran patio,
que hacía las veces de mercado, alrededor del cual se hallaban las habitaciones
de los comerciantes. A las habitaciones altas se accedía por una gran galería
volada, en tanto que las bajas daban directamente al patio. La estructura era
generalmente de adobe y madera.
Si
bien las compras directas al por mayor se realizaban en los tambos, las ventas
al menudeo se hacían en las plazas. A estos mercados improvisados se les
llamaba catus. La plaza estaba
rodeada de tiendas de mercaderes y, en el costado de la Catedral se
improvisaban precarios puestos para el comercio o “cajones”. Ramírez del Aguila
dice que la Catedral tiene en su cementerio o atrio una capilla dedicada a la
Virgen de Copacabana “y en parte que mira a la plaza, por los ángulos, muchos
cajones de mercaderes”.
EL
CABILDO SECULAR.- El cabildo secular frente a la plaza principal lucía el
escudo que le dio el Virrey Marqués de Cañete en 1559. Tenía la cárcel pública,
una sala de ayuntamiento con costosa sillería y dosel, una capilla con una
milagrosa imagen de la Virgen de Copacabana muy visitada y atendida. Las cinco
oficinas de los escribanos se hallaban debajo de la arquería o portales, llenos
de archivos y papeles de pleitos. El edificio tenía una torrecilla con una
campana destinada a los toques de queda, que entonces eran a las ocho de la
noche para los negros e indios y a las 9 para el resto de la población.
ESTRUCTURA
COLONIAL URBANA.- La idea de la
aplicación de un trazado en “damero” para las ciudades coloniales americanas,
constituyó a veces, un concepto restrictivo, produciéndose interpretaciones
diversas en tal sentido. Tal vez Quito
en Ecuador y Ouro Preto en Brasil sean dos ejemplos extremos de tales
interpretaciones. En efecto en Quito se aplicó rígidamente el retículo regular
a pesar de la irregularidad del terreno que lo recibía y de las muy acentuadas
costas de éste, mientras que Ouro Preto, por el contrario, aceptó las
irregularidades topográficas de su naturaleza para originar un trazado de
calles que bajan como un reguero desde el punto más alto, lugar donde se ubica
la plaza principal.
Sucre no adoptó
ni el uno ni el otro sistema. Aprovechando las cotas de nivel, aquí menos
marcadas que en los casos anteriores citados, conservó la regularidad de su
trazado alargándolo hacia la pendiente, (45 grados con respecto a los puntos
cardinales, similar al trazado de Cuzco) acentuando básicamente dos puntos
focales ; el más alto, constituido por un convento y una plaza de la que
se originan los ejes más largos del trazado descendente y, transversalmente en
esta bajada, el núcleo central.
En torno a la
plaza principal se disponen la Iglesia Mayor, el Palacio Arzobispal y los
edificios oficiales: el Cabildo, la Real Audiencia y la cárcel. No muy lejos se
encontraban también el Coliseo y el Hospital, Iglesias y Conventos se sitúan
junto a las plazuelas.
Se crean
asentamientos indígenas distribuidos en
dos barrios, el de la Parroquia de San Lázaro que agrupaba las etnias de
Cañaris, Poconas y Yamparas; y el de la Parroquia de San Sebastián , donde se
instaló a Pacchas, incas de Huanta y otros grupos. Además de estos dos barrios,
existía un “rancherio” situado detrás de la Catedral y otro que se formó junto
a la ermita de San Roque.
Como se
mencionara anteriormente, una de las primeras construcciones levantada en Sucre
fue justamente la iglesia y el convento de la Recoleta Franciscana sobre un
otero : dos patios rodeados de sólidas arquerías y un tercero sólo en
parte. Adelante una plaza dura, amplia en sus bordes que paulatinamente ha ido
definiendo la arquitectura, para hacerse transparente en un costado mediante un
elegante loggia-belvedere, extraordinario mirador de la ciudad blanca acentuada
por los campanarios y las espadañas de piedra gris-claro y los muchos pináculos
de iglesias y conventos.
Es ese un
espectáculo único, pues ningún edificio de época posteriores ha quebrado la
horizontalidad armónica y corpórea del
trazado urbano colonial (lo que desafortunadamente, no sucede con Potosí).
Deslizándonos,
siguiendo el eje largo S-E hacia N-O por calle Calvo, nos sorprende la Iglesia
de San Lorenzo, fundada en el siglo XVI, que sirvió al comienzo de Catedral
exaltando así espacialmente la cercanía de la cumbre y posiblemente su
importancia como lugar protegido y visualmente dominante.
El núcleo
central parece poner énfasis, en cambio, en el eje NE-SO en cuyos extremos se
ubican el espectacular claustro de San Felipe, siglo XVII-XVIII con el
barroquismo de las sobreestructuras de sus techos recorribles y, al otro
extremo, la iglesia de San Francisco del año 1540 enfocada escenográficamente
por una sucesión de arcos blancos. El interior de San Francisco, espacialmente
simple y austero, preserva un importante cielo mudéjar que alcanza admirables
soluciones formales del mismo estilo en las capillas del crucero hospedando
tres altares barrocos ricamente tallados.
Entre estos dos edificios se sitúa la Plaza
Mayor cuyo costado acoge la importante Catedral, fundada en 1561, que presenta
a la plaza su lado largo y, por lo tanto, la imponente puerta lateral de piedra
tallada finalmente en 1685, mientras la portada principal se abre en un atrio
hacia calle Ortiz, casi emparejando la portada de la Capilla de la Virgen. El
interior, ordenado y sereno de la Catedral, recuerda a pesar de los sucesivos
cambios, un modelo renacentista y la regularidad del tratamiento de sus
volúmenes exteriores parecen confirmar esta idea. Sobre el cubo de base, el
campanario alza tres pisos que se reducen marcando los cortes de sus esquinas,
altas estatuas.
En el otro
costado de la plaza casi toda la cuadra es ocupada por la presencia de la Orden
Jesuítica que fue realizando en el transcurso de tres siglos un conjunto
arquitectónico y social importantísimo. Aquí construyó la Universidad de San
Francisco Javier, cuyo patio central constituye una extraordinaria obra del año
1697 e incluye la iglesia de San Miguel en la que se hace patente al comienzo
del siglo XVII la influencia de la escuela del Titicaca, con rico artesanado
mudejar. Además, surge aquel cuerpo que acogió a la Real y Pontificia
Universidad entre 1624 y 1627, sucesivamente llamada Casa de la Libertad, pues
aquí se declaró el acta de la independencia. Su fachada del siglo XVII ha sido
restaurada acentuando la importancia de este antiguo núcleo arquitectónico en
el que se han insertado construcciones e intervenciones de los siglos XIX y XX
sin quebrar su unidad urbanística que se origina, casi simbólicamente en aquel
patio extraordinario, antiguo centro de la Universidad - cuya presencia
persiste como factor de importancia de la ciudad misma hasta nuestros días -
acentuando su alma mater tanto en lo físico, como en lo intelectual y
espiritual.
Una cuadra más
arriba de la Plaza Mayor cruza transversalmente la calle Bolívar, una vía muy
importante para el estudio de la arquitectura civil colonial : comenzando
en el cruce con la calle Calvo en cuya esquina está Santo Domingo con sus arcos
que definen el atrio, encontramos una serie de fachadas de tipología variada
que ilustran la riqueza formal y la importancia que tuvo Sucre durante los
siglos XVII y XVIII. Destacamos entre ellas la casa en la esquina con la calle
Real Audiencia, la majestuosa fachada de piedra del Palacio Fernández, hoy
museo de la Universidad donde se conservan impotantísimas colecciones de
pintura, escultura y menaje colonial ; en la cuadra sucesiva el Palacio
Obispal y, luego una fachada en piedra con tímpano arcaizante que recuerda los
modelos del comienzo del siglo XVI, seguida por otro interesante ejemplo de
residencia con pilar de esquina, hoy transformada en el elegante restaurante El
Solar.
Dentro de la
trama urbana colonial, destacan importantes obras del período Republicano con
algunos significativos ejemplos del neo-clásico. Por el contrario, la parte más
nueva de la ciudad se desarrolla esencialmente en los barrios situados al otro
lado de la Avenida Siles, constituyéndose ésta, en una verdadera línea
divisoria.
PATIO DE LA UNIVERSIDAD MAYOR REAL
Y PONTIFICIA DE SAN FRANCISCO XAVIER DE CHUQUISACA
Es relevante
notar tanto el afán de preservar el Patrimonio Cultural como el plan de
restauración del centro histórico en pleno desarrollo en la ciudad reactivando
a vida nueva edificios antiguos públicos y privados. Es el caso del antiguo
Palacio Fernández, completamente recuperado y transformado en el museo colonial
de la Universidad, o una antigua residencia llamada Caserón de la Capellanía,
hoy reluciente Centro para el turismo. Por último, es notable la rehabilitación
de varias residencias del siglo XIX entre las cuales citamos, sólo como un
ejemplo, a la adquirida en calle España por el Banco Nacional de Bolivia,
institución ésta que admirablemente se ha dedicado al rescate del Patrimonio
Nacional.
FACHADA DEL BANCO NACIONAL DE BOLIVIA



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